Tengo un paquete para ti

(fragmento)

“…Me quedé en silencio; y le abrí. Abrí la puerta de casa despacio, esperando encontrarme al otro lado el rapapolvo que tenía merecido, pero en su lugar encontré una preciosa sonrisa, y un atractivo cartero. Me sentí avergonzada, y no precisamente por las pintas que tenía, me encontraba sorprendentemente sexy así, despeinada, con el ojo entreabierto y el camisón que, con el tirante medio caído dejaba medio pecho al descubierto, al ir a subírmelo advertí que él también miraba en esa dirección, yo tenía los pezones duros. Le pedí disculpas y me entregó la carta, encima sonreí, era una multa. Volví a la cama y me masturbé, el día no podía empezar así…

Como ya sabía a qué hora solía venir, aprovechaba para salir a comprar lo que fuera, con tal de tener un encuentro casual por las escaleras, o en la calle. Empezó entonces el coqueteo, las miradas, algún gesto pícaro… era divertido, pero o pasaba algo…o pasaría a la historia, así que decidí seguir con el juego. Hacía un par de días que me había presentado en la oficina de correos con una caja de cartón que había rellenado con un bote de aceite aromático para masaje y una caja de preservativos, la había envuelto cuidadosamente y la había enviado a mi propia dirección. No sabía en qué momento me llegaría, pero esos días por la mañana me había levantado como con otro humor.

Ya estaba excitada cuando sonó el timbre, miré por la mirilla para asegurarme y abrí la puerta. Traía mi paquete. Después del saludo, el habitual coqueteo y de firmar el formulario, me lancé y le pregunté: -¿quieres acompañarme mientras abro el paquete? Es que no tiene remitente y no sé, podría ser cualquier cosa… Él dudó por un momento pero me sonrió, tampoco dijo que no así que fui un poco más lejos y me quité la bata de seda negra que llevaba puesta mostrando mi cuerpo completamente desnudo. Allí se quedó, boquiabierto y empalmado y a punto de tirar todos los papeles al suelo; así que le di un tirón de la camiseta y lo metí para dentro cerrando la puerta con el pie y empecé a besarlo, si tenía que perder los papeles que fuera al menos dentro de casa.

Nos dimos un beso muy largo, saboreando despacio cada centímetro de nuestros labios mientras yo le quitaba la camiseta. Me cogió en brazos y tirando al suelo todo lo que había en el mueble de la entrada me sentó allí encima y me abrió las piernas mientras se agachaba. ¡Iba a comerme allí mismo! …”

… ¿has fantaseado con el cartero?

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