Contra la pared

“Notaba el frío cristal contra la mejilla, se empañaba con el vaho de mi respiración, las yemas de los dedos se escurrían por el sudor. Pero no podía moverme, sus piernas aprisionaban las mías. Aunque tenía los ojos abiertos, la oscuridad absoluta me rodeaba; el pañuelo de seda negra me impedía ver, pero hacía que el resto de sentidos se agudizaran. Notaba su respiración en la nuca, los pezones se me ponían como piedras cada vez que me mordía el lóbulo de la oreja, y luego estaba su olor… Aspiraba profundamente, me embriagaba el olor de aquel hombre que me tenía aprisionada contra la ventana, despertaba en mí algo salvaje, era algo animal, algo que no podía controlar. Se me erizó el vello cuando recorrió vértebra a vértebra mi espalda de arriba abajo con su dedo índice, me agarró las nalgas con las manos y apretó, me clavó los dedos mientras salía de su garganta un gruñido de placer. Me azotaba con una mano la nalga derecha, mientras me acariciaba los pechos con la otra. El suave roce sobre los pezones mitigaba el dolor que sentía con cada manotazo, eran golpes secos que me excitaban cada vez más y más. Cuando dejó de azotarme metió la mano dentro de mi tanga y comenzó a explorar, yo estaba empapada y ansiaba ser penetrada, él lo sabía y prolongó mi agonía limitándose a masajearme el clítoris y pasear su mano libre por mis caderas. Cuando empecé a temblar, paró en seco, me apartó el tanga y me penetró. Lo hizo con decisión, de una sola vez, me retumbó hasta la garganta…”

… rápida, contundente y excitante… mucho más en

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